Comparte el artículo El Poder de Cristo: Testimonio Personal parte II. No quiero terminar este relato, sin dar testimonio de una de las cos ...
| May 2012 | ||||||||||
| M | T | W | T | F | S | S | ||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | |||||
| 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | ||||
| 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | ||||
| 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | ||||
| 28 | 29 | 30 | 31 | |||||||
|
||||||||||
Testimonio Personal parte II.
No quiero terminar este relato, sin dar testimonio de una de las cosas más fuertes que me pasaron y es menester difundirla para la Gloria del Dios Uno y Trino. Padre; Hijo y Espíritu Santo.
El 17 de septiembre de 1995, apenas un año después de la visión narrada anteriormente, en madrugada y en mi domicilio; la compañera de mi hijo de corazón, menor de los tres hermanos, Gustavo; que estaba en su octavo mes de gestación se descompuso en el garaje que yo había acondicionado como habitación para ellos.
Yo estaba profundamente dormido junto al cuerpo de mi esposa. Eran las dos de la madrugada aproximadamente. De pronto sentí que me querían despertar. Era una presencia espiritual. Yo me negaba a hacerlo pues me sentía muy plácido y feliz. Pero me zamarrearon y desperté. Una sensación caliente tenía en mi frente. Como un círculo que me quemaba y del tamaño de una moneda antigua, de grandes dimensiones. Yo me froté la frente con cierto miedo por dicha sensación.
Y de pronto, los gritos de Gustavo me despertaron. Ella yacía en la cama con convulsiones y estertores de su cuerpo. Salía baba espumosa de su boca y el vientre volcado a su derecha. Era un ataque de claxia según diagnosticó posteriormente el facultativo. Su presión sanguínea superaba los 20 y estaba inconciente.
Mientras esperábamos el auxilio médico, oré e impuse manos de acuerdo a la recomendación que me hiciera el padre D´Auro y que cualquier bautizado puede hacer, sobre todo en una emergencia: Me esforcé en atraer y retener la figura de Cristo manifestado en aquella reciente visión.
El Dr. Young, pidió radialmente la sala de partos del Hospital San Vicente de Paúl preparada con la intención de “salvar al menos la criatura” que seguramente si sobrevivía, tendría problemas irremediables que lo marcarían para siempre postrándolo a una vida con capacidades limitadas.
Mi esposa Marta y su hijo Gustavo se van en la ambulancia acompañando la paciente. Quedo en casa al cuidado de Laurita, entonces de seis años, nieta de mi esposa; hija de Gabriel, el mayor de sus hijos; quien estaba a nuestro cuidado desde sus dos añitos.
Decido esperar rezando. Encomendando a Dios a los dos seres en peligro.
De repente comienzo a sentir una inmensa alegría, de la que me avergüenzo!
¿Cómo podía sentir semejante alegría, en momentos tan difíciles y traumáticos? Llegué a reír a carcajadas que no podía contener ni evitar. Profundamente avergonzado recurrí al rosario que pendía en la pared de la pieza y riendo, pedí perdón por esa alegría que no venía de mi.
Dos horas después, Gustavo entraba a casa radiante y alegre, abrazándome y diciéndome que ya era “abuelo” de un precioso varoncito que se llamaría Federico Alejandro.
Recurrí presuroso una vez más al sacerdote carismático.”No comprendes Dante? Era el espíritu Santo que te confirmaba que tu ruego fue escuchado!” aseguró D´Auro. Nuestro Señor y la santísima Virgen, nos habían acompañado y asistido en todo momento.
Todo encuentro con Cristo, debe movernos a la acción y al apostolado; difundiendo y compartiendo estas experiencias extraordinarias y maravillosas.
He corregido muchas cosas en mi vida. He comprendido que no puedo cambiar el mundo, pero pude experimentar que cambiando yo, el mundo empieza a cambiar. Pero aun me quedan muchas cosas que corregir en mi. Tengo por delante la difícil misión de perdonar a quien me ha ofendido, pedir perdón a quien he injuriado, ignorado y agredido. Debo aprender a amar a mi más acérrimo y cruel enemigo. Y para lograrlo, simplemente me he abandonado en las manos de Jesús, para que Él haga en mí y de mí su voluntad.
Este es mi testimonio: Cristo Vive! Cristo Sana! Cristo Salva! Cristo en su inmensurable Misericordia, nos llama por amor a su regazo y espera de nosotros, una simple señal de fe y amor a su rol de Mesías y Salvador de una humanidad condenada por el pecado.
Él ve por sobre las bajezas e inmundicias humanas que nos avergüenzan y nos contempla apreciando condimentos de nuestro ser, no visibles sino a los ojos de Dios; potenciando minúsculas virtudes para hacernos servidores y embestirnos en soldados de su causa salvadora. Su Misericordia es tan infinita como su Amor, al extremo que donde abundó el pecado, sobreabundará la Gracia.
Dante Cavallini
*Dante Cavallini realizó una serie de charlas al Rev. Padre Ángel D´Auro; hoy Obispo; para su programa en Radio FM Spazzio que luego transcribía y publicaba en el diario El Fuerte donde también se publico el presente testimonio sin firma, por miedo del autor a que no se lo tomara con la debida seriedad a causa de su nombre. Era entonces un periodista muy conocido y resistido sobre todo en los espacios más conspicuos del poder político lugareño.
Vivencias.
Madre…
Tu voz tierna.
Tu dulce mirar.
Tu gesto suave.
Tu sonrisa amorosa.
Tu frente coronada.
Tu esbeltez.
Tu corte celestial.
Tu mano en mi mano.
Saciaron mi corazón.
Señor…
Tu impecable cabello lacio.
Tu tostada piel caoba.
Tu mirar penetrante.
Tu voz firme y serena.
Tu porte majestuoso.
Tu amor infinito.
Tu Misericordia salvífica.
Tu promesa de vida,
Saciaron mi espíritu.
Padre…
Tu voz de trueno.
Tu autoridad desbordante.
Tu amor infinito.
Colmaron mi humanidad
Herida en el pecado.
Y mi espíritu agobiado.
Y mi corazón anhelante.
Y mi alma sedienta…
Que buscan tu seno, Señor.
Autor: Dante Cavallini